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¡Por favor, tráteme como un perro!

No cualquier perro evidentemente. Un perro que tenga un dueño que se preocupa por él y lo cuida adecuadamente. Un perro que tiene sus revisiones en el veterinario periódicamente. En resumen un animal cuidado y querido, y con sus necesidades básicas (comida, vivienda, salud) cubiertas por su amado dueño (esto cubre también la necesidad del cariño y calor “familiar”).

Los veterinarios me envían tarjetas, incluso para recordarme cuando cumplo años. Mi dueño me llevará a correr diariamente para hacer ejercicio y estar en forma.

¿Has visto esos ejercicios de “agility” donde unos animales en coordinación con sus dueños realizan proezas imposibles para algunos seres humanos?

¿Te distes cuenta como parecen comunicarse “mágicamente”, y como disfrutan con ello?
Pues eso es lo que me gustaría. Sentirme integrado con mi lider y disfrutar trabajando juntos.
En cambio tengo una sensación totalmente distinta.

Siento que en lugar de ponerme una ración de croquetas de la mejor calidad, aunque fuese a cambio de realizar mi trabajo, tengo una mano ladrona que me quita las pocas que tengo o me las cambia por croquetas de tercera.

Siento que pueden echarme de mi caseta en cualquier momento. Basta que no responda adecuadamente a mi amo durante unos meses (aunque esté enfermo, o ya mayor).

Mi estado de salud no le importa a nadie. Nada de ejercicio, nada de cuidados preventivos (económicos). Pueden tenerme esperando en el veterinario largas horas antes de atenderme. Eso sí tengo que llevar el collar “tal”, tomar la pastilla “cual”.

Lo peor es que debo parecer estúpido, porque todo esto ocurre delante de mis morros. Me quitan la comida, juegan con mi salud y mi techo está en peligro y no pasa nada…

¿Cómo es posible que no les muerda tan fuerte que se les pase la gana de venir a quitarme las croquetas?
¿Cómo es posible que los Españoles, los Europeos o simplemente las personas que nos consideramos sabias, cultas, o desarrolladas nos quedemos atónitos, sin saber qué hacer, mientras “algunos elementos” nos roban nuestros recursos, nuestra seguridad y nuestra salud? En resumen, seamos tratados peor que muchos perros.

* Los políticos nos toma por imbéciles, pagamos sustanciosos impuestos que se van en debates maratonianos sobre asuntos sin ninguna relevancia para nosotros.¿Qué me importarán a mí las autonomías, o los cientos de asuntos que se debaten cuando muchas personas hacen días y días de cola en la sanidad mientras su salud se deteriora?

* Los funcionarios, manejan nuestros recursos como si fuesen suyos y sin ninguna sensibilidad. ¿Como pueden permitirse gastarse el dinero que les hemos confiado en cumplir sus sueños de grandiosidad sin ruborizarse o morirse de pena viendo algunas familias en la mayor de las miserias?

* Los banqueros, abusan sin medida alguna. Nos tienen atados a un poste para hacer nuestra función a cambio de una mala comida y siempre la amenaza del bastón. Pasan de su función de facilitadores a la de usureros despiadados sin ningún empacho. Pueden declarar pérdidas enormes cuando han estado repartiéndose beneficios periódicamente. ¿Cómo podemos aceptar que ellos no corran ningún riesgo y todo está a cargo de los que aportamos el dinero?

¿Hasta cuándo vamos a dejar esto así? ¿Qué podemos hacer para que estas clases de “amos” políticos, funcionarios y banqueros se lleven una dentellada si siguen robándonos, y abusando de nuestra confianza?

¿Podemos esperar que nuestros políticos, funcionarios o banqueros hagan un examen de consciencia sobre lo que están haciendo con el mundo y con nuestra vida en particular?
Parece poco probable, porque está en juego su status, poder y modelo de vida.

¿Podría alguna empresa privada sobrevivir con tales desmanes, con tan poca sensibilidad y tal desprecio por sus clientes?

Lo natural es que dicha empresa se quedase sin clientes y se hundiera rápidamente.
En este caso somos nosotros los clientes, y nuestra fuerza es nuestra cohesión y capacidad de enfrentar el reto en equipo. Debemos encontrar los medios para demostrar nuestro descontento, para desmontar “sus empresas”. Y eso no podemos hacerlo solos.

Mientras luchemos uno a uno estaremos en inferioridad frente a los “amos”. Al fin y  al cabo, un perro rabioso se aísla de la manada y se termina la rabia. Por eso es tan importante que aprendamos a colaborar, a generar dinámicas de equipo, a luchar por un objetivo común.

En resumen, cuando alguien fuese a meter la mano en el cuenco de cualquier miembro de la manada debería sentir el gruñido de toda la manada y saber que si sigue su acción va a salir gravemente perjudicado.

Rudyard Kipling escribía acerca de la ley de la selva y del lobo:

Ahora es la Ley de la Selva — tan antigua y verdadera como el cielo;
Y el lobo que la cumpla prosperará, pero el lobo que la rompa morirá.
Como la enredadera que rodea el tronco de un árbol, la Ley corre hacia adelante y hacia atrás —
Por la fuerza de la manada es el lobo, y por la fuerza del lobo es la manada.

¿Qué te parece si comienzas a despertar tu manada y hacéis oír vuestros aullidos?