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Todo lo que necesitas saber sobre la fiebre aftosa

Ayer tuvimos una de esas grandes comidas familiares, en la que uno de los temas de conversación era la fiebre aftosa, por lo del último brote y demás, como realmente soy veterinaria, aunque no me dedique a ello me tocó responder alguna que otra pregunta, así que he pensado que si en mi casa hay curiosidad, probablemente alguno de vosotros también la tenga.


Estaba pensando en hacer un post, pero cuando encendí el ordenador me tropecé con un montón de información que me mandaban algunas asociaciones de veterinarios y el Colegio de Tenerife, así que me he decidido a dejaroslo aquí porque creo que es mucho más completo de lo que yo podría hacer en este ratito.


En el documento teneís desde una introdución a lo que es la enfermedad, a sus formas de contagio, y luego, ya más relacionado con lo que pasa actualmente la situación en el Reino Unido (tanto ahora como en el anterior brote), en Europa en general, y concretamente en España, aquí os lo dejo:

El virus de la fiebre aftosa

1. Las claves de la fiebre aftosa


La fiebre aftosa, o glosopeda, es una enfermedad de carácter vírico altamente contagiosa que afecta a los animales de pezuña hendida. Sus
efectos se dejan notar en las cabañas de ganado doméstico, al que puede provocar la muerte de animales jóvenes, disminución de la producción lechera y retraso en el crecimiento. No obstante, no existe constancia ni evidencia científica de problemas de salud pública o de seguridad alimentaria.


La fiebre aftosa, o glosopeda, es una enfermedad de carácter vírico que se caracteriza por la formación de vesículas (aftas) en la cavidad bucal, ollares, alrededor de las pezuñas, espacio interdigital, pezones y ubres de animales de pezuña hendida. Buena parte de ellos, como ovejas, cabras, vacas o incluso cerdos, son de elevado interés económico, por lo que el carácter altamente contagioso de la enfermedad, así como sus efectos en el ganado, al que puede llegar a causar la muerte, constituye una de las principales preocupaciones entre los responsables de las explotaciones ganaderas.


Aunque se considera una enfermedad endémica en regiones de Asia, Africa y América del Sur, Europa, así como Estados Unidos y extensas áreas del norte de Asia, no se han librado de su presencia. En Europa, y durante la década de los noventa, se han presentado varios brotes que han afectado a Bulgaria (1993,1996), Italia (1993), Grecia (1994,1996) y Turquía (1995).


Dado su carácter altamente contagioso, sus efectos sobre la salud animal y su mapa de distribución, la fiebre aftosa es la primera de las enfermedades incluidas en la lista A de la OIE (Oficina Internacional de Epizootias), la cual contiene las quince enfermedades transmisibles que presentan mayor poder de difusión y gravedad en los animales domésticos. Estas enfermedades se caracterizan por tener consecuencias socioeconómicas o sanitarias graves e incidir de manera importante en el comercio internacional de animales y productos derivados.


La gravedad de la fiebre aftosa está en su gran poder de contagio y en las pérdidas económicas que produce. De forma directa, por la muerte de animales jóvenes, disminución de la producción lechera y retraso en el crecimiento. Y de forma indirecta, aunque posiblemente de mayor
trascendencia si cabe, por las restricciones en el comercio de animales y productos.


Desde el punto de vista de la salud pública, la fiebre aftosa no tiene importancia, ya que si bien se han descrito unos pocos casos de enfermedad en personas, se trata de un proceso benigno de presentación muy rara. Se han descrito menos de 100 casos en todo el mundo, normalmente relacionados con personal de laboratorio donde se trabaja con el virus o bien en personas que están en contacto con animales enfermos. El consumo de leche no tratada con gran cantidad de virus podría ser causa de infección en humanos, pero se considera que el riesgo es extremadamente bajo. Por otra parte, la ingestión de carne contaminada no supone ningún riesgo.



2. El poder del virus



El agente causal de la fiebre aftosa es un virus RNA, de la familia Picornaviridae y del género Aphthovirus. Se trata de un virus de 20-30
nanómetros, sin envoltura, que presenta una gran variabilidad antigénica. Se han descrito siete serotipos (O, A, C, SAT 1, SAT 2, SAT 3 y Asia 1), con variabilidad antigénica para cada uno de ellos.


El virus es muy sensible a variaciones del pH. Por norma general, se mantiene viable entre valores que oscilan entre 7,2 y 7,6. Variaciones por debajo o por encima de los mismos limitan su supervivencia hasta lograr su completa inactivación cuando se alcanzan valores inferiores a 6 o superiores a 9.


También se inactiva rápidamente a temperaturas elevadas. Por ejemplo, el virus puede eliminarse sometiéndolo de 25 a 30 minutos a 56 ºC o de 1 a 3 minutos a 130 ºC. Sin embargo, se muestra resistente a temperaturas bajas o templadas. Según ha podido comprobarse se mantiene viable hasta un año a 4 ºC o entre 8 y 10 semanas a 22 ºC.


En el ambiente es muy resistente en condiciones de humedad alta y de oscuridad. Del mismo modo, en los purines puede mantenerse activo hasta 6 meses y en el suelo, en ambientes fríos, puede mantenerse activo unas cuatro semanas. Por el contrario, el virus es muy sensible a la desecación, y a las variaciones de pH y temperatura. Así, su supervivencia en el suelo en verano, es de unos 3 días.


El virus también puede eliminarse mediante el uso de productos químicos que actúen como desinfectantes. Los productos de elección serán aquellos que actúan variando el pH, ya sea acidificándolo (ácido cítrico), o alcalinizándolo (hidróxido de sodio). El virus también es sensible a la lejía. En cualquier caso, se recomienda la aplicación de desinfectantes combinada con detergentes para asegurar su penetración en la materia orgánica.


3. Los síntomas y el contagio


Los síntomas principales de la fiebre aftosa son fiebre alta (superior a los 41 ºC) y formación de vesículas o aftas. Las vesículas se presentan en la cavidad bucal, ollares, alrededor de las pezuñas, en el espacio interdigital, en los pezones y en las ubres. Como consecuencia de estas lesiones, los animales presentan salivación, secreciones nasales y cojera.


Como consecuencia de las lesiones, la producción de leche se reduce drásticamente y por un periodo largo de tiempo. Asimismo, en los animales jóvenes se produce una elevada mortalidad (puede llegar al 100%) debida a miocarditis aguda. En estos animales el periodo de incubación es muy corto, de manera que pueden presentarse muertes antes de que los adultos presenten ningún síntoma. En cualquier caso, y como norma general, el periodo de incubación oscila entre 2 y 14 días. Por otra parte, los síntomas suelen ser más leves en ovejas y cabras que en cerdos y vacas.


El elevado riesgo de contagio de la enfermedad es debido a las características del virus, que encuentra su medio ideal de transporte tanto en líquidos fisiológicos como en el aire. Así, los animales eliminan gran cantidad de virus con la ruptura de las vesículas, pero también por el aire espirado, la saliva, las heces, la orina, la leche y el semen. La eliminación se produce desde unos días antes de la presentación de los síntomas clínicos hasta varios meses después en función del hospedador. El virus persiste en la orofaringe hasta 30 meses en los bovinos y 9 meses en los ovinos. En los cerdos, por el contrario, desaparece rápidamente.


Las vías de contagio más habituales son:



  • Contacto con animales infectados, ya sean animales en período de incubación, clínicamente afectados, infectados subclínicamente oconvalecientes.

  • Contacto con productos animales. El músculo de los animales virémicos es potencialmente contagioso, aunque normalmente se inactiva durante el rigor mortis. El virus puede persistir de todas maneras durante varios meses en nódulos linfáticos y hueso. Por ello la importación de canales de países endémicos supone un riesgo. La leche de animales virémicos contiene una gran cantidad de virus, suponiendo igualmente un riesgo importante.

  • Contacto con fómites, es decir materiales que pueden estar contaminados como ropa, zapatos, vehículos, instrumentos… Son una causa relativamente frecuente de transmisión entre granjas. Por tanto, en situaciones de riesgo se deben extremar las precauciones, evitando la entrada en las granjas de personas y vehículos a menos que sea totalmente imprescindible, en cuyo caso será necesario la desinfección de los vehículos y el cambio de ropa y zapatos.

  • Inseminación artificial. El semen de animales virémicos contiene también el virus, suponiendo un riesgo, especialmente a partir de los centros de inseminación artificial.

  • Aire. La transmisión aerógena no es excesivamente frecuente, pero se han descrito varios casos de transmisión por el aire entre granjas separadas algunas decenas de kilómetros. La transmisión aerógena se produce especialmente a partir de granjas de cerdos, ya que estos animales eliminan una cantidad de virus muy superior a las otras especies. A través del mar, debido a las condiciones de la superficie, de la humedad y del viento, las distancias pueden ser superiores, llegando incluso a transmitirse a cientos de kilómetros. El problema principal de la transmisión por el aire es la imposibilidad de evitarla. En estos casos, lo único que se puede hacer es un seguimiento de las condiciones meteorológicas y el establecimiento del riesgo a partir de modelos de simulación.

4. El control y erradicación de la enfermedad


Cuando la prevalencia es muy elevada o las condiciones del país no permiten el sacrificio masivo de animales, se puede utilizar la vacunación para limitar el impacto de la enfermedad. La vacunación sistemática conjuntamente con otras medidas como la vigilancia epidemiológica, el establecimiento de zonas de control, además de las cuarentenas, permiten reducir drásticamente la presentación de la enfermedad e incluso su erradicación.


En el año 1991 la Unión Europea prohibió la vacunación. Dicha prohibición se basó en una serie de motivos tanto económicos como sanitarios:



  • Motivos sanitarios: Entre 1977 y 1987 se habían presentado únicamente 34 focos en la CEE. Por tanto, se podía considerar que Europa Occidental estaba prácticamente libre de fiebre aftosa. Por otra parte, la vacunación entraña un riesgo debido a posibles escapes desde laboratorios de producción o a vacunas mal inactivadas. Trece de los brotes que aparecieron en Europa durante ese periodo fueron probablemente debidos al uso de la vacuna.

  • Motivos económicos: Se estimó que el coste de la vacunación era de 113,5 millones de Euros anuales. En el peor de los escenarios previstos, se consideró que en 10 años aparecerían 13 brotes de enfermedad que supondrían el sacrificio de unas 150 granjas para cada uno de ellos. Laaparición de cada uno de los focos se valoró en unos 3 millones de Euros. Por tanto seguía siendo rentable suprimir la vacunación.

  • Motivos comerciales: Los animales vacunados presentan anticuerpos que no se pueden distinguir de los anticuerpos de infección. Por otra parte, los animales infectados pueden quedar portadores del virus. Ello comporta en la práctica la imposibilidad de exportar a países donde no se vacuna, ya que los anticuerpos vacunales enmascaran la posible presencia de anticuerpos de infección.

Además hay que tener en cuenta que la vacunación no protege contra todos los serotipos, y que en caso de aparición de un brote dificulta la detección y eliminación de los animales infectados.


5. Erradicación


En los países libres de enfermedad, cuando se presenta un brote el procedimiento a seguir consiste en la eliminación de los animales afectados, conjuntamente con medidas de control de movimientos y encuestas epidemiológicas.<7p<


El sacrificio de todos los animales de las granjas infectadas y sospechosas es la medida más importante Este debe ser inmediato (antes de las 24h) y de todos los animales de las especies susceptibles presentes en la granja, aunque no presenten síntomas. Los cadáveres deben ser enterrados o quemados. En caso que no sea posible se trasladarán a plantas apropiadas de eliminación con un sistema de transporte hermético y sellado. Es importante que el sacrificio y destrucción de los cadáveres no pueda suponer un riesgo para otros animales.


El objetivo de las encuestas epidemiológicas es determinar el posible origen de la infección. Se deben identificar todos los movimientos producidos en la granja hasta 21 días antes de la aparición de la enfermedad, referidos tanto a animales, como a productos animales, fómites y personas (especialmente las que tienen contacto con animales). Esta información debe permitir conocer el origen y posibles brotes que se hayan producido a partir de éste.


En paralelo, deben imponerse medidas de restricción con respecto a los movimientos de animales. Cuando aparecen animales sospechosos de enfermedad, se debe establecer su inmovilización preventiva, que deberá ser definitiva tras la confirmación del brote. Esta medida se debe mantener hasta 28 días después del sacrificio de los animales y desinfección de las granjas. En la Unión Europea se establecen dos zonas alrededor del foco: una primera de protección con un radio de 3 Km y una de vigilancia de 7 Km alrededor de la zona anterior. No se permiten movimientos de animales en estas zonas y se realiza una vigilancia periódica de las granjas para detectar la aparición de nuevos casos. Se puede autorizar la salida de animales de la zona de vigilancia bajo estricto control veterinario y sólo para ir a matadero.


La Unión Europea permite, bajo autorización explícita, la vacunación de urgencia con el objetivo de limitar la extensión de la enfermedad hasta que se pueda realizar el sacrificio preventivo de los animales (por tanto los animales también deberán ser sacrificados).


6. El Reino Unido, bajo la amenaza de la fiebre aftosa


Las medidas adoptadas por la UE y el Ejecutivo británico tratan de evitar una crisis como la de 2001. Seis años después, el Reino Unido se vuelve a ver amenazado por la fiebre aftosa. El brote registrado en 2001 resultó devastador para la economía del país. Entonces se sacrificaron 10 millones de cabezas de ganado y las pérdidas económicas se elevaron a 8.500 millones de libras (unos 12.500 millones de euros) por el bajón que experimentó el consumo de carne y la caída del turismo. Además, la fiebre se propagó a Irlanda, Francia, Bélgica, Holanda y Alemania.
Ahora la situación es algo distinta. A diferencia de lo ocurrido en 2001, esta vez las autoridades británicas y de la Unión Europea (UE) han actuado con rapidez tras la detección, el pasado viernes, de un brote de la enfermedad en una granja de vacuno situada en el condado de Surrey (sur de Inglaterra).


Ayer, el Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales confirmaba la detección de un segundo brote dentro de la zona de protección fijada.


Todo indica que en esta ocasión la enfermedad no ha surgido de algún reservorio natural, sino que, por lo visto, tiene su origen en un laboratorio de investigación de enfermedades animales situado en Pirbright -a cinco kilómetros de la granja afectada-, que estaba produciendo una vacuna con la misma cepa. Algunas voces hablan de sabotaje y otras de que ha sido un error en la manipulación del virus que propició su fuga de las instalaciones.


7. Medidas de seguridad


Para evitar la expansión de la fiebre aftosa, las autoridades veterinarias británicas han establecido un perímetro de seguridad que alcanza ya los 10 kilómetros en torno a la granja afectada y en tres días han ordenado el sacrificio de más de 100 reses de vacuno. Además, desde el viernes permanece inmovilizado todo el ganado del país y no se puede exportar ni carne ni leche. Hay también dispuestas 300.000 dosis de vacunas de la variante del virus detectada.


La Comisión Europea, por su parte, ha declarado al Reino Unido “zona de alto riesgo” y ha prohibido, a instancias del propio Ejecutivo británico, la exportación de animales vivos, carne y productos lácteos procedentes de cualquier parte del país, excepto de Irlanda del Norte. No obstante, sí se pueden exportar productos animales producidos antes del 15 de julio y los que, por su tratamiento, carecen de riesgo de contagio.
Asimismo, Bruselas ha prohibido la entrada en el Reino Unido de vacas, ovejas, cabras y cerdos, y las autoridades aduaneras deberán garantizar que las ruedas de todos los coches que salgan de las islas son desinfectadas.


El laboratorio de investigación de enfermedades animales de Pirbright, sospechoso de ser el origen del brote, ha negado que se cometieran fallos en los procedimientos de bioseguridad. Las autoridades británicas, sin embargo, creen que el hecho de que la variante del virus hallada en el ganado -tipo 01 BFS67- sea la misma que utilizaba el centro supone una prueba irrefutable. En cualquier caso, todavía no hay nada confirmado.
Las instalaciones de Pirbright son compartidas por el Instituto de Salud Animal (IAH, en sus siglas en inglés) y la farmacéutica Merial Animal Health,
propiedad de las multinacionales Merck y Sanofi-Aventis. Tras conocerse que ambas cepas eran idénticas, el laboratorio inició una inspección de los procedimientos de bioseguridad y de funcionamiento de los equipos que, según Martin Shirley, director del IAH, no ha revelado fallos.
Shirley afirmó que dicha cepa, que fue aislada del brote surgido en 1967, se utilizó de forma limitada durante las últimas cuatro semanas. Esto eleva las sospechas sobre Merial Animal Health, que la empleó en una remesa de vacunas que fue manufacturada en julio.
La farmacéutica afirma que trabaja con los mayores niveles de seguridad y calidad. No obstante, ha aceptado interrumpir la producción de vacunas como medida de precaución hasta que no se esclarezca el caso.


La alarma por el brote de fiebre aftosa también ha llegado a España. El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) tiene localizadas y bajo control las 3.000 reses que se importaron del Reino Unido durante los meses de junio y julio, según informó Carlos Escribano, director general de Ganadería.


Estos animales se encuentran en explotaciones de Cataluña, Asturias y Andalucía. Las autoridades veterinarias de estas comunidades determinarán en los próximos días si se encuentran libres o no de la enfermedad.


8. El impacto de la epizootia


Dos semanas cruciales para la fiebre aftosa Para determinar si el brote de fiebre aftosa detectado en el Reino Unido va a tener consecuencias graves va a ser necesario aguardar al menos dos semanas. Este es el tiempo medio de incubación de una enfermedad vírica que, aunque
no causa problemas de salud humana, puede afectar negativamente a la ganadería en su conjunto y, como efecto rebote, al comercial y a amplios sectores económicos por la restricción en el movimiento de personas y mercancías.


Poco ha trascendido, oficialmente, del brote de fiebre aftosa que durante el pasado fin de semana se detectó en una granja de Surrey, al sur de Inglaterra. Sobre el origen del foco, las autoridades sanitarias británicas han insinuado una posible «causa humana», accidental o deliberada, con el epicentro situado en un laboratorio de investigación veterinaria en Pirtbright, muy cerca de la granja donde se identificaron los primeros animales enfermos. Sea cual sea el origen, han declarado fuentes sanitarias del Reino Unido, la prioridad actual es «evitar la propagación de la enfermedad, controlarla en sus focos actuales y erradicarla». En la medida de lo posible, de lo que se trata es de evitar las pérdidas multimillonarias que ocasionó la enfermedad en 2001 en ese mismo país: unos 10.000 millones de libras en pérdidas por la caída del consumo de carne y las restricciones de movimientos, amén del sacrificio de unos 10 millones de animales.


Las primeras medidas adoptadas por el gobierno británico han permitido identificar y aislar los focos primarios ?dos laboratorios veterinarios, uno público y otro privado; y una granja-, establecer medidas de control en elperímetro inmediato de los focos (unos tres kilómetros) y de restricción de seguridad (extendida hasta los 10 kilómetros); han procedido al sacrificio de las reses afectadas (poco más de un centenar); han identificado la cepa vírica responsable (al parecer, la misma que originó un brote en 1967); y se han tomado las medidas necesarias para que ningún animal ni producto derivado salga del país y, con respecto a los que habían salido, determinar su inmovilización. Así se ha hecho, por ejemplo, con partidas localizadas en Andalucía y Cataluña, donde se han inmovilizado unas 3.000 reses.


A diferencia de lo ocurrido con el brote de 2001, la intervención del gobierno británico y de las autoridades sanitarias europeas ha sido inmediata. En el brote anterior, el gobierno liderado por Tony Blair tardó tres días en tomar unas primeras y tímidas medidas, y casi una semana hasta acotar el problema geográficamente. El virus, de unos 10 días de incubación, ya se había extendido, y las zonas ganaderas del noreste y el sur de Inglaterra tuvieron que hacer frente a medidas drásticas. La más evidente, aunque no la única ni la más trascendente económicamente, la inmovilización y posterior incineración de miles de animales, especialmente ovejas, cerdos y vacas.


En cualquier caso, fue el sector ganadero en su conjunto el que sufrió las consecuencias. Y, en paralelo, las líneas de distribución y comercialización de carne y productos lácteos, incluido el mundo de la restauración. Por su parte, el consumo, pese a la inexistencia de riesgo para la salud humana, decayó hasta situarse en límites históricos.


Por otro lado, la extensión de la epidemia animal obligó a tomar medidas preventivas en las aduanas y en las fronteras, lo que dificultó enormemente el tráfico de personas y mercancías, además de afectar al sector turístico. Muchos consumidores recuerdan todavía las imágenes de camiones de transporte siendo desinfectados en espacios habilitados ex profeso en los pasos fronterizos.
A la falta de respuesta inmediata de las autoridades sanitarias británicas se le sumó una actitud dubitativa de Europa y la negativa del sector ganadero a vacunar a los animales alegando riesgos potenciales de salud animal y unos «más que seguras» pérdidas económicas, según puede leerse en la prensa de entonces.


La respuesta para el brote actual ha sido radicalmente distinta: Bruselas ha reaccionado a los pocos días prohibiendo la exportación de productos cárnicos y lácteos procedentes del Reino Unido, los países miembro de la UE han detectado prácticamente en cuestión de horas los productos que se habían importado y el sector ganadero tiene a su disposición ni más ni menos que 300.000 dosis de vacunas destinadas al ganado.


9. La situación en España


La situación en España, según fuentes del Ministerio de Agricultura, está «bajo control». El ministerio estima que entre junio y julio se han importado unos 3.000 animales ingleses. Las inspecciones ordenadas por la Generalitat en 48 explotaciones catalanas y por la Junta de Andalucía en su territorio, descartan la presencia de animales enfermos. Lo mismo se espera que ocurra con las inspecciones que se están efectuando en explotaciones ganaderas de Asturias.


En el caso que se detectara un brote, por nimio que fuera, se pondrían en marcha los protocolos de actuación diseñados. Esto es, identificación de la cepa, aislamiento de los animales y de las instalaciones y delimitación preventiva de áreas de influencia. En paralelo, las autoridades españolas deberán decidir si los animales deben someterse o no a vacunación, extremo que levanta todavía polémica pero que se entiende, cada vez más, como un mal necesario.


A la espera de saber cuál es la evolución de la enfermedad y si las medidas restrictivas han tenido efecto, buena parte de las pesquisas se centran ahora mismo en identificar el verdadero foco del brote y, de confirmarse las sospechas, esclarecer cómo ha sido posible su difusión.


Si bien en los primeros días se creyó que dos granjas localizadas en Surrey eran las culpables del brote, la investigación llevó de inmediato a dos laboratorios que trabajan en investigación en salud animal, uno público, localizado en Pirtbright, a escasos kilómetros de las granjas, y otro privado (cuyo nombre no ha trascendido), ubicado en la misma zona.


En el primero de ellos hay equipamientos del Instituto de Salud Animal británico y de la farmacéutica Merial, productora de vacunas. Las investigaciones hechas públicas hasta la fecha señalan la posibilidad de que un error humano en la manipulación o un problema técnico en el sistema de producción, habría podido provocar la liberación de la cepa vírica al medio.


Ambas posibilidades podrían haber sido accidentales, aunque nadie descarta oficialmente que pudieran ser deliberadas. En cualquier caso, si se sabe que Merial cuenta con un reservorio de unos 10.000 litros destinado a la producción de vacunas que contienen la cepa identificada en los animales enfermos. Esta cepa, curiosamente, apenas se encuentra en el medio ambiente, aunque fue la responsable de un gran brote de fiebre aftosa en el Reino Unido en 1967.