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Ser positivo, clave en un feedback efectivo en la empresa

Miedo, ansiedad, estrés… Llega el momento del feedback en la empresa y, por norma general, las reacciones no son positivas en el equipo. Muchos de sus miembros temen que se convierta en un motivo para la dura crítica, en muchas ocasiones poco constructiva. Pero, ¿es esa, realmente, la forma de lograr un feedback efectivo? Ser positivo en su ejecución es la mejor manera de afrontarlo.

No sólo se trata de un feedback planteado de arriba a abajo (desde los directivos y responsables hacia los empleados), sino hacia todas las direcciones. Comentarios para mejorar procesos, productos o tareas deberían estar motivados por los líderes de la compañía, pero ejecutados por todo el equipo.

Objetivos de un buen feedback

Llevar a cabo un buen feedback tiene sus efectos. Con su aplicación en el día a día de la empresa se pueden lograr dos objetivos interesantes:

Mejorar procesos. Es el fin último. Conseguir que el funcionamiento sea mejor es la clave y para ello, un buen comentario a tiempo siempre será mejor.

Mejorar la comunicación interna. Que fluya la comunicación en el equipo siempre es positivo. Y ‘obligar’ a todos sus miembros a ver más allá de sus tareas e intentar mejorar el trabajo de los demás, desde un espíritu constructivo, puede tener efectos interesantes.

¿Cómo lograr la efectividad?

Pero, la duda llega cuando se busca esa mayor efectividad. Un feedback puede ser un arma de doble filo. Una mala ejecución o un planteamiento erróneo puede acarrear las consecuencias contrarias a las pretendidas. En la web Entrepeneur.com, destacan cinco tips para esa retroalimentación productiva. Crear seguridad, ser específico en la comunicación, no esperar demasiado tiempo y tener cuidado con la dureza.

La última, y para mí más importante, es un espíritu positivo. Como decíamos al comienzo, el feedback es, por norma general, temido en un equipo. Se esperan duras críticas y sólo una visión negativa del trabajo. Y eso puede ser contraproducente y jugar en contra de los objetivos que se persiguen: mejorar los procesos y, a la postre, los resultados.

¿Por qué positivo?

Está demostrado: los estímulos positivos funcionan mucho mejor que las críticas. Las emociones negativas que puede conllevar una retroalimentación sólo basada en la dura crítica (miedo, ansiedad o estrés) disminuyen, en muchas ocasiones, las capacidades de quien las recibe e, incluso, dificultan la concentración. Las positivas logran justamente lo contrario.

Tener esa visión positiva a la hora de afrontar ese feedback no significa que se esquiven las críticas. Cuando sea necesario, hay que expresarlas, pues se trata de mejorar. Sin embargo, ese espíritu implica no sólo poner el dedo en la llaga, en lo mal ejecutado, sino también plantear soluciones o propuestas.

Sea para tratar de mejorar un proceso o para hacer balance en un proyecto, el chip ha de ser positivo. Poner todo el énfasis en lo negativo, sólo acarreará efectos no deseados.