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Los trastornos alimentarios más frecuentes

Los trastornos alimentarios son más frecuentes de lo que creemos en los países desarrollados, y ya no se limitan sólo a la anorexia o la bulimia, sino que cada vez son más frecuentes los casos de ortorexia, relacionados con lo que se supone justamente lo contrario, el comer sano.


Este post es sólamente una pequeña descripción (definición, consecuencias, pronóstico,…) de los 4 trastornos principales, bulimia, anorexia, el comer compulsivamente y el más reciente, la ortorexia, para conocer un poco a qué nos enfrentamos.


La anorexia nerviosa


En ella el peso se convierte en una obsesión, se asocia la delgadez a la felicidad y a la perfección. Las personas que lo sufren sigen una dieta estricta, practican ejercicio de forma excesiva, y a veces también pueden provacarse el vómito o ingerir laxantes de forma incontrolada,…


Afecta sobre todo a mujeres entre 13 y 30 años, aunque cada vez es mayor el número de hombres diagnosticados, y también cada vez se va acortando la edad de inicio.


Las consecuencias, en todos los campos, empeora la calidad de vida, las enfermas suelen deteriorar sus relaciones personales y familiares (para evitar así la comida). A nivel físico puede suponer amenorrea (pérdida de la menstruación), osteoporosis, desnutrición, pérdida de cabello, piel seca, uñas quebradizas, aparición de vello fino por todo el cuerpo, insomnio, arritmias, y si no se para a tiempo incluso la muerte (que se da en un 5-8% de los casos).


De hecho, tras un tratamiento largo, sólo el 50% de las personas con anorexia se recupera del todo, cerca del 30% lo hace parcialmente y hay un 20% que aunque se recupere parcialmente tiene periodos de recaida.


Bulimia


La bulimia es similar a la anorexia en el sentido de que también se caracteriza por una preocupación excesiva por el peso y por asociar el adelgazamiento a la felicidad. Pero en este caso les cuesta controlar sus impulsos y restigir la cantidad de alimento así que tras comer en grandes cantidades de forma rápida y descontrolada adoptan mecanismos compensatorios como los vómitos, el ejercicio físico intenso, o los laxantes.


La bulimia empieza algo más tarde, desde los 16-17 años a los 35, pero también se ve que cada vez es más temprana la edad de comienzo, en este caso los afectados son en un 90% mujeres y en 10% hombres, y cada vez crece más el número de diagnosticados.


Las consecuencias de la enfermedad son sobre todo debidas a la alta frecuencia de los vómitos, aymento de las glándulas salivares, desgaste del esmalte dental, caries, pérdida de electrolitos, deshidratación, daño en encías y paladar, inflamación de garganta e incluso en casos graves desgarramiento del esófago y ruptura gástrica.


El pronóstico es mejor que el de la anorexia (se recuperan un 60-80% de los casos), según los especialistas una persona tiene bulimia si realiza atracones y conductas compensatorias un mínimo de dos veces por semana, tres meses seguidos.


Comer compulsivo


El término fue introducido por la comunidad médica internacional en 1992 y describe a personas que comen en grandes cantidades, que se atiborran o dan atracones pero que no necesariamente adoptan ningún mecanismo compensatorio como en el caso de la bulimia.


Es más frecuente que afecte a las mujeres, en una proporción de dos mujeres por cada hombre afectado, y se ha calculado que una de cada cinco personas obesas que incia un tratamiento para perder peso son comedores compulsivos.


Las consecuencias sobre todo relacionadas con el malestar tanto físico después del atracón como el que conlleva la relación del culpa. Una gran parte de ellos también padece depresión y además hay que tener en cuenta las complicaciones derivadas de la obesidad como las enfermedades cardiovasculares, diabetes, problemas gastrointestinales, hipertensión,…


Ortorexia


Es el trastorno alimentario más recientemente descrito, en España aún se da poco pero en EEUU es bastante frecuente y se caracteriza por una obsesión por comer sano, en la que preocupa ya no la cantidad, sino la calidad de la comida ingerida.


Afecta principalmente a mujeres, adolescentes y deportitas, personas que tienden a cuidar mucho su alimentación, con un excesivo culto al cuerpo y que suele estar ligada a un nivel económico alto.


Puede terminar creando intolerancias alimentarias, además de convertirse en una obsesión y acabar suprimiendo alimentos que si no son bien remplazados correctamente puede producir carencias importantes.